CAP 1 ~ Elección - Obligación
Es
inevitable arrancar por acá, por la madre de las diferencias entre estos
dos tipos de encierro, LA LIBERTAD. Para algunos tal vez lo más importante en la vida, un derecho
del que no se tiene noción hasta que se lo pierde,
como dice una canción de Calamaro “la conocen los que la perdieron… la libertad”.
(Jamás hubiese pensado que iba a
empezar el primer párrafo del primer capítulo
de mi primer libro citando
a Calamaro, pero así se dio
espontáneamente, qué va a ser… un saludo Andrelo)
Miles más de textos hablan sobre
perder la libertad, así que no puedo
aportar mucho, pero sí darle la idea a la gente que nunca la perdió que es como ser una mosca y que te arranquen las alas o ser un cascarudo
y que un nene te arranque las patas, y hasta el cuerno, y después te deje tirado ahí sobreviviendo.
Entonces imaginaos lo diferente que es ser encerrado en una prisión,
obviamente obligado, comparado
con estar encerrado por elección en un show
televisivo, y más que nada sabiendo que podés volver
a la calle cuando
quieras.
Por supuesto sabés que si salís, o
sea recuperás la libertad, perdés el
juego, sos un loser, pero por lo
menos ahí está la libertad, una zanahoria
colgada enfrente tuyo, pero al alcance de la mano.
Además en mi caso en particular
primero fui preso y después a GH,
entonces la “pérdida” de la libertad de GH, por elección propia, no representaba nada en comparación a la previa pérdida de la libertad por
obligación en el juzgado de East London.
Por
decirlo de alguna manera, que me vuelvan
a encerrar pero esta vez en la
TV, era como comparar la final del mundo de boxeo contra
un jardín de infantes.
Lo loco de escribir
esto, pensar, y replantearme, con el
diario del Lunes, volvería a elegir mi ida a la cárcel por obligación, fue una de esas cosas que uno
no optaría por hacer ni loco pero después de hecho está
buenísimo, se aprende mucho y pensás
“que bueno que lo hice”.
Vale aclarar que en algunos aspectos
pocas veces fui más libre que en ambos encierros, como la libertad
de no preocuparse por conseguir techo y comida, más cuando uno anda por el mundo librado a la aventura, y
lejos de su ciudad local, en mi
caso Cipolletti (RN).
Durante un tiempo compartí celda con
un italiano de 50 años que era vagabundo. Entonces
cada vez que llovía él miraba a través de la ventana enrejada y decía
que agradecía estar preso: seco, con
comida y de regalo su dosis diaria de Valium y
Metadona, porque era adicto
a la heroína.
En este caso el italiano elegía ir preso cada vez que llegaba el invierno, y con esto demuestra la teoría de que hay gente que va presa porque quiere. Ni arrancó el libro y ya se cae un mito, o mejor dicho se forja una teoría.
Sea por obligación o por elección,
estos encierros te dan libertad de
todos tus compromisos del mundo real, ¿quién
te puede llegar a demandar algo si estas encerrado? ¿Quién te va a pedir que rindas cuentas?
Nadie, vivís en un éter del tiempo
sin compromisos más que las situaciones del día a día.
Ni siquiera tenés que preocuparte por
el papel para limpiarte el culo, en
los dos casos te lo regalan, y es ilimitado.
Me quedo más seguido sin papel en el afuera.
Las dos fueron excelentes
experiencias, a tal punto que las
pongo en el mismo nivel y me encantaría viajar una semana a cualquiera de ellas. SAY NO MORE.
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